La minería del carbón ha sido y sigue siendo el principal
motor económico en el concejo de Riosa. A mediados del
siglo XIX es cuando comienza la explotación del paquete
productivo situado entre los concejos de Riosa y Morcín,
que llama la atención por la gran cantidad de material
que se aprecia en el nivel de superficie.
En el año 1848 el General Elorza, formado en Bélgica y
con gran experiencia en el sector de la metalurgia,
realizó grandes mejoras en la fábrica de armas de Trubia,
poniendo en práctica conocimientos adquiridos en otros
países. El mineral extraído de las entrañas de Riosa
poseía las características perfectas para los trabajos
que se realizaban lo que hizo que la fábrica se hiciera
con la concesión oficial del coto Riosa-Morcín, que
comenzó a explotarse en Porció, su parte más occidental.
La explotación minera en Riosa tenía unos elementos a
favor y otros en contra. A su favor estaba la mano de
obra y la existencia de una escuela de práctica de minas
en Mieres. En su contra: la inclinación del terreno
donde estaba el yacimiento, la posición de las capas, la
fragilidad del carbón obtenido y también la alta
presencia de grisú. De todos estos inconvenientes el más
importante fue lo abrupto del terreno y la distancia
entre Riosa y Trubia. Según escritos de la época, en el
año 1848, cinco carretas de bueyes salían de las minas
de Riosa para suministrar carbón a la Fábrica de armas
de Trubia. Estos carreteros partían de Porció y pasaban
por Cobarriella, La Cruz, Cardeo, El Vallín, La Piñera,
Peñerudes, Labarejos de Santo Adriano, Puerto, Caces
para llegar a Trubia. Esta ruta de 15 kilómetros era
recorrida en siete horas, a las que había que sumar
otras siete horas de vuelta. El precio del porte estaba
fijado en 20 pesetas pareja y arriero siempre que
llevasen una carga mínima de treinta arrobas. Por cada
arroba extra de peso se pagaban diez céntimos más.
Durante varios años los carreteros de Morcín se
encargaban de transportar el carbón desde el punto de
extracción hasta la fábrica, pero este sistema no era
rentable. Fue entonces cuando el Estado, propietario de
las minas, decidió sacarlas al mercado y en la quinta
subasta celebrada en el año 1.884, se realizó la venta.
De aquí en adelante la explotación vivió una constante
inestabilidad marcada por la fluctuación del mercado de
carbones.
En el año 1.914 la Sociedad Hulleras de Riosa adquirió
las minas en una subasta pública y comenzó a desarrollar
una explotación que aumentó la producción. La
inauguración del ferrocarril minero a La Pereda ayudó a
la comercialización del carbón de Riosa en Asturias,
gracias a lo cual el sector vivió una época de impulso
que continuó en el año 1.952, cuando ENSIDESA se hizo
con la explotación para suministrar carbón a su fábrica
de Avilés, ya que los carbones de este coto son de buena
calidad para la elaboración de cok siderúrgico. Con la
inversión de 500 millones de las antiguas pesetas
realizada por ENSIDESA y el Instituto Nacional de
Industria, la producción diaria aumentó de 800 toneladas
a 1.500.
En 1.969 las minas de Riosa se integraron en la Empresa
Nacional Hulleras del Norte (HUNOSA) cuyo objetivo fue
la unificación y modernización de las principales
explotaciones mineras asturianas.
Tras 135 años de explotación, el Pozo Montsacro, produce
220.000 toneladas anuales y da trabajo a 345 personas,
lo que lo convierte en uno de los principales núcleos
mineros de Asturias que todavía cuenta con importantes
reservas a baja profundidad.